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Suplemento cultural: Lorca no vuelve porque no se había ido
Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música.
Una versión de este texto se publicó por primera vez en nuestro boletín Suplemento cultural, un resumen quincenal de la actualidad cultural y una selección de los mejores artículos de historia, literatura, cine, arte o música. Si quiere recibirlo, puede suscribirse aquí.
Nunca una película española había sonado tanto en la denominada “campaña de premios” cinematográficos internacionales. Desde que se estrenó en Cannes en mayo, La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi (“los Javis”) ha aparecido en todas las quinielas de los críticos y periodistas como uno de los filmes que puede alzarse con numerosas nominaciones a los óscar. Hace unas semanas, la Academia de Cine española la eligió oficialmente como su representante para el óscar a Mejor Película Internacional y en el Festival de Cine de Toronto se alzó con el Premio del Público, un galardón que podría parecer simplemente popular pero que augura éxitos a quienes se hacen con él.
En el centro del fenómeno, y con permiso de Penélope Cruz, hay un nombre: Federico García Lorca. Artífice del borrador original de La bola negra, un documento de cuatro páginas en el que esbozaba una historia que quedó inacabada por su asesinato, Lorca permea la narración aunque no sea el personaje principal. Mezclando un posible argumento de su obra con La piedra oscura, la dramaturgia de Alberto Conejero en la que un soldado franquista vigila a su prisionero, Rafael Rodríguez Rapún, último compañero sentimental de Lorca, los Javis tejen un melodrama épico queer con vocación de película clásica que, de momento, y tras su estreno en España, arrasa por donde va.
¿Qué hizo que el poeta, el actor, el dramaturgo pasase de ser un hombre de la cultura en los años 20 y 30 del siglo XX a un símbolo cien años después? María Isabel Calle Romero desgrana las diferentes etapas que ha vivido la figura de Federico García Lorca.
Precisamente en el Festival de Cine de San Sebastián se presentó el documental La voz quebrada, de Manuel Menchón, en el que, entre otras cosas, se rescatan las últimas imágenes descubiertas de Federico García Lorca en movimiento. Conocemos cómo era y cómo se movía Lorca, cómo escribía, pero no sabemos, como detalla Manuel Molina Prados, qué voz tenía.
Por eso los Javis, en su nueva fábula, han intentado otorgarle una.
Shakira de ida y vuelta
Cuando hablamos de la explosión de la música en español en los últimos años, nos fijamos en muchos artistas que empezaron en la década de 2010 (Bad Bunny, Karol G, Rosalía…). Pero había quien llevaba dando guerra desde mucho antes y que ha conseguido, a lo largo de toda su carrera, moverse dentro de las reglas de la industria hasta conseguir transformar estas reglas a su favor. Esa persona es Shakira, inmersa estos días en su segunda semana de residencia en Madrid.
Y si nos remontamos al siglo XIX podemos rastrear cómo la historia musical española está desde mucho antes irremediablemente atada a la de América Latina, y viceversa. El flamenco, un género nacido en la península, no se entiende sin todas las influencias que se cruzaron a ambos lados del Atlántico y que se alimentaron mutuamente.
Mirar desde otro ángulo
Una de mis obras favoritas es Rosencrantz y Guildenstern han muerto, una reinterpretación que Tom Stoppard hizo de dos personajes muy secundarios de Hamlet. Hurgar en las posibilidades dramáticas que presentan quienes no protagonizan los relatos que han pasado a la historia pero que, sin embargo, están presentes en ellas es un ejercicio que los escritores llevan haciendo mucho tiempo. Circe, de Madeline Miller, se centra en un personaje de la Odisea y le da nueva entidad. El mismo éxito musical y cinematográfico de los últimos años, Wicked, revisita El mago de Oz desde otro punto de vista.
Por eso resulta muy interesante la nueva serie, estrenada hace unos meses, La otra hermana Bennet, que presenta una vida, y una versión alternativa, para Mary Bennett, una de las hermanas de las protagonistas de Orgullo y prejuicio y tal vez uno de los personajes más ridiculizados de la familia. Basada en la novela homónima, nos enseña las infinitas posibilidades que tiene volver a releer los clásicos cambiando, simplemente, el lugar en el que ponemos el foco.
Anacronismos ¿sí o no?
Cada vez que se estrena un filme vagamente histórico, muchos se desesperan intentando descubrir si lo que se ve en la pantalla es fiel a la realidad de la época en la que parece suceder. Nos fijamos en ropajes, formas de hablar y actitudes, pero es extraño que prestemos atención a las emociones, cuando ellas también varían.
La importancia que se le daba a unos sentimientos y no a otros ha cambiado a lo largo de la historia. Los conflictos pueden resonar pero no ser los mismos y, muchas veces, a la hora de buscar la forma de armar un relato, los escritores o guionistas apelan a la forma de sentir contemporánea al periodo en el que lo desarrollan, pero no necesariamente al momento que retratan en él. ¿Es esto un error, o una forma de acercarnos a otras gentes de otros tiempos y otros lugares?
A veces sucede, sin embargo, que en la realidad somos testigos de algo que, de tan extraordinario, parece falso, como si saliese de una película. Y así lo decimos. Desde hace más de cien años, el séptimo arte se utiliza para comparar, revisitar y retratar también nuestra propia vida.
Faltas en el aire
A principios de mes fallecía Gloria Steinem y nos quedábamos sin otra gran personalidad de los siglos XX y XXI. Le pedimos a Socorro Suárez Lafuente, catedrática de la Universidad de Oviedo, impulsora de los estudios de género, que nos recordase por qué el activismo de Steinem había recuperado y actualizado las demandas feministas que habían comenzado con Christine de Pizan y la “querella de las mujeres” en el siglo XV.
Suárez Lafuente fue quien presentó la candidatura de Steinem al Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2021, lo que hizo que la estadounidense acabase consiguiendo el galardón, así que es una gran voz para hablar de ella.
No son solo términos
Hay en asturiano una palabra que usamos mucho y que no tiene traducción a otras lenguas: repunante. Aunque parezca semejante a repugnante, no es así. Alguien repunante es alguien que protesta por todo y al que nada le parece bien. Hasta quienes apenas hablan asturiano en Asturias lo dicen. Pero cuando se escapa en una conversación con gente de fuera de la región (o, como diría la escritora Aitana Castaño, subpajarianos), es fácil que ambas palabras se confundan y se mezcle su significado.
Explicar repunante es explicar una cultura. Igual que decir tapas define algo de España, morriña indica un sentimiento arraigado en Galicia o commute determina la rutina anglosajona del viaje (muchas veces muy largo) de ida y vuelta al trabajo.
Por eso traducir no es solo cambiar unas palabras por otras sino intentar transmitir, en otro idioma, una forma de ver el mundo.
